lunes, 2 de abril de 2012

Medea

                                         Medea (de Eurípides)

El pasado lunes 19 de Marzo fuimos unos compañeros al Teatro Principal para presenciar una representación de una obra de Eurípides, Medea.
Fue algo espectacular y sorprendente, tanto por el tratamiento de la obra como por la juventud y excelencia de los actores.

Pero habrá quien se pregunte quién era Medea.

Medea (Μήδεια) es hija del rey de la Cólquide, Eetes. Es por tanto nieta del Sol (Helio) y de la maga Circe. Su madre es la oceánida Idia. En la literatura alejandrina y en Roma, ha pasado a ser el prototipo de la hechicera, papel que representa ya en la tragedia ática y en la leyenda de los Argonautas.

Antes de resumen la obra de Eurípides, habrá que hacer una breve mención a la historia de los Argonautas, para explicar la historia de Medea y Jasón.

Pelías (tío de Jasón que destronó a su hermano Esón) impone una dura prueba si quiere recuperar el trono: deberá traer el vellocino de oro que se encuentra en la lejana tierra de la Cólquide. Este vellocino era la piel de oro de un carnero alado, entregado como regalo de Frixo a Eetes. Éste lo colgó encima de una encina del bosque sagrado de Ares, custiodado por un dragón que nunca dormía.
Jasón entonces reune una tripulación de héroes (los argonautas, nombre que proviene de la nave donde iba, Argo, y al mismo tiempo su contructor) para ir a buscar el vellocino de oro a la Cólquide. En un viaje lleno de aventuras y peligros, los Argonautas llegan a su destino. Una vez alli, el rey no se negó a entregarle el vellocino, pero le impone una serie de pruebas que deberá resolver él solo sin la ayuda de nadie: Había de poner el yugo a dos toros de pezuñas de bronce que despedían fuego por los ollares y que nunca habían conocido yugo. Una vez superada esta primera prueba (ayudado por Medea), la segunda fue trabajar un campo y sembrar los dientes de un dragón.
En todas estas pruebas lo ayuda Medea (que le ha hecho prometer que se casaría con ella) y al fin huyen con el vellocino (Medea mata a su hermano por el camino para demorar a su padre, que los perseguía).
Una vez en Grecia, cumple su promesa y tienen dos hijos (en la tradición se les atribuyen los nombres de Feres y Mérmero, aunque Hesíodo cita a sólo uno y Diodoro a tres), estableciéndose en Corinto.
Con el tiempo, Jasón se enamora de la hija del rey de Corinto, Creonte (no coincidir con el regente de Tebas en Antígona), se promete con ella y repudia a Medea como esposa y la abandona.

Aqui empieza la tragedia Medea.

La nodriza de los hijos de ella está preocupada porque ve a Medea triste, ansiosa, con mal carácter y piensa que pueda hacer algo a sus hijos. Esta misma preocupación la comparte con el pedagogo, que le pide que aleje a los niños de la madre.
Medea compadece ante el coro y lamenta que el hombre por el que dejo su tierra y traicionó a su padre, ahora la abandone.
El rey Creonte se presenta ante ella y le ordena que abandone la tierra de Corinto, que salga como desterrada. Per ésta consiguió demorarlo un dia más, tiempo suficiente para preparar su venganza. Jasón también se presenta ante ella y se produce una fortísima discusión. Entonces Medea decide matar a la hija de Creonte, Glauce, y a sus propios hijos, para que Jasón se quede con ellos y para no sufrir ella la vergüenza de su repudio y destierro.
Llama de nuevo a Jasón con palabras dulces y falsas para hacerle creer que acepta su destino.Jasón se marcha tranquilo.
Entonces ella prepara una pócima con la que impregna un vestido y unas joyas como regalo para la princesa y envía a sus propios hijos a que se lo lleven. Inicialmente Glauce desconfía del regalo pero cuando se pone el vestido, éste se le adhiere a la piel y le quema la piel como si fuera un ácido, muriendo entre terribles dolores.
No se distinguía la expresión de sus ojos ni su bello rostro, la sangre caía desde lo alto de su cabeza confundida con el fuego, y las carnes se desprendían de sus huesos, como lágrimas de pino, bajo los invisibles dientes del veneno.
Creonte al ver a su hija agonizando la abraza desconsolado y entonces el vestido se pega también a su cuerpo, provocando el mismo efecto y muriendo entre graves dolores.
Cuando Jasón se entera de lo ocurrido, corre a pedir explicaciones a Medea, pero la mujer en presencia de Jasón, asesina con un cuchillo a sus hijos, huyendo de Corinto en un carro tirado por caballos alados.

Eurípides en esta obra ensalza los valores de la mujer, ensalza la figura femenina de manera extraordinaria.
De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser mas desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo.

lunes, 19 de marzo de 2012

Espartanos

Espartanos

Todos los que hemos estudiado algo el mundo clásico, hemos admirado alguna que otra vez a los espartanos. Ese poder militar, la disciplina de sus soldados,...
Quizás algunos recordemos la película 300, y nos hemos sorprendido con la valentía del ejercito espartano en las Termópilas.
Relata el historiador griego Heródoto, que escribió allá por el siglo V, la batalla de las Termópilas con todo lujo de detalles, en el libro VII de sus Historias.

Quizás a algunos les suene no el nombre de Diéneces, pero si su frase mas célebre.
Según cuentan, ese sujeto pronunció, antes de que los griegos trabaran combate con los medos, la siguiente frase: le oyó decir a un traquinio que, cuando los bárbaros disparaban sus arcos, tapaban el sol debido a la
cantidad de sus flechas (tan elevado era su número); pero él, sin inmutarse ni conceder la menor importancia al enorme potencial de los medos, contestó diciendo que la noticia que les daba el amigo traquinio era francamente buena, teniendo en cuenta que, si los medos tapaban el sol, combatirían con el enemigo a la sombra y no a pleno sol. Esta frase y otras del mismo tenor son, según cuentan, las muestras que el lacedemonio Diéneces ha dejado de su personalidad.

Por cierto que, según cuentan, dos de los trescientos espartiatas, Éurito y Aristodemo, podían -si ambos se hubiesen puesto de común acuerdo haberse salvado, volviendo juntos a Esparta (pues habían sido autorizados por Leónidas a abandonar el campamento y se hallaban en Alpeno aquejados de una grave dolencia ocular), o bien -si es que no querían regresar a su patria- haber muerto con sus camaradas. Esos dos sujetos, insisto, podían haber adoptado una u otra determinación, pero no acertaron a llegar a un acuerdo; es más, su decisión fue bien distinta: mientras que Éurito, al enterarse de la maniobra envolvente de los persas, pidió sus armas, se las puso y ordenó a su hilota que lo llevase al campo de batalla (cuando lo hubo conducido hasta allí, su guía se dio a la fuga, pero él se lanzó a la refriega, perdiendo la vida), Aristodemo, por su parte, se acobardó y se quedó donde estaba. 
Pues bien, si Aristodemo hubiese retornado a Esparta por haber padecido la enfermedad él solo, o si hubieran regresado los dos juntos, los espartiatas no habrían manifestado indignación alguna hacia ellos. Pero el caso es que, como uno de ellos había muerto y el otro, pese a encontrarse en la misma situación, no había querido perder la vida, los espartiatas no tuvieron más remedio que irritarse mucho con Aristodemo. Unos, en definitiva, pretenden que así -esgrimiendo dicho pretexto- fue como Aristodemo se salvó, regresando a Esparta. Otros, en cambio, aseguran que recibió el encargo de llevar un mensaje fuera del campamento y que tuvo la oportunidad de tomar parte en la batalla que se estaba librando, pero no quiso hacerlo, sino que se entretuvo en el camino para conservar la vida, en tanto que su compañero de misión llegó a tiempo para la batalla y encontró la muerte. 
A su regreso a Lacedemón, Aristodemo sufrió deshonra y humillación. Las muestras de discriminación que tuvo que soportar eran las siguientes: ningún espartiata le daba fuego ni le dirigía la palabra, y las muestras de desprecio consistían en que se le apodaba Aristodemo «el Temblón». Sin embargo, en la batalla de Platea reparó por completo la falta que se le imputaba.
Según cuentan, hubo asimismo otro espartiata, integrante del contingente de trescientos (su nombre era Pantitas), que recibió el encargo de llevar un mensaje a Tesalia y conservó la vida. Sin embargo, cuando ese
sujeto regresó a Esparta, ante la discriminación que sufría, se ahorcó.

Después de estas breves pinceladas, dejo un par de vídeos.



martes, 13 de marzo de 2012

Μνημοσύνη







Μνημοσύνη

Mnemósine es la personificación de la Memoria. Es hija de Urano y Gea y pertenece al grupo de las Titánides.



Zeus se unió a ella en Pieria durante nueve noches seguidas, y al cabo del año le dio nueve hijas: las Musas. Según el historiador griego del siglo II Pausanias, al principio las musas eran tres. Aunque Hesíodo es el primero que da los nombres a las nueve, que a partir de entonces pasan a ser reconocidos.

Las nueve musas canónicas son:

Calíope: (Καλλιόπη, 'la bella voz', καλή, οπσ). Musa de la elocuencia y de la poesía épica. Sus diferentes representaciones artísticas son una corona de laureles, un libro, una tablilla, un estilete y una trompeta.

Clío: (Κλειώ, ‘la que celebra’). Es la musa de la historia, de la epopeya. Sus diferentes representaciones artísticas son una corona de laureles, un libro o un pergamino, una tablilla, un estilete y un cisne.

Erato: (Ἐρατώ, ‘amorosa’). Es la musa del arte lírico de la elegía, de la poesia lirica (amatoria). Sus representaciones artísticas con una lira, una viola y un cisne.

Euterpe: (Ευτέρπη, ‘deleite’, εὖ, τέρπω). Es la musa de la música. Su representación artística suele ser una flauta (simple o doble).

Melpómene: (Μελπομένη, ‘cantar’). Es la musa de la tragedia. Se representa con una corona, con una espada o con una máscara trágica.

Polimnia: (Πολυμνία, ‘muchos himnos’, πολλυσ, ὕμνοσ). Es la musa de la retórica, de los cantos. Se representa con un gesto serio y con un instrumento musical (normalmente un órgano).

Talía: (θάλλεω, ‘florecer’). La musa de la comedia. Normalmente se la representa con un instrumento de música (generalmente una viola), una máscara cómica y un pergamino.

Terpsícore: (Τερψιχόρη, ‘deleite de la danza’, τερψισ, χορόσ). La musa de la danza. Se la representa con un instrumento musical de cuerda: una viola o una lira.

Urania: (Ουρανία, ‘celestial’). La musa de la astronomía y de la astrología, y de la poesía didáctica. Es representada habitualmente con un compas, con una corona de estrellas y con un globo celeste.